El Inquisidor en Revilla de Camargo

El domingo 14 de junio el Inquisidor, temiendo lo que se avecinaba, se aprestó diligentemente a participar en el Campeonato Regional de Rápidas de Cantabria.

El lugar elegido para el torneo fue el Pabellón de Revilla, en Camargo, tierra de Cóncanos y cultos antiguos. El Inquisidor recuerda con nostalgia la romería que se celebra en Revilla con motivo de las fiestas de la Virgen del Carmen, ya se sabe, donde hay culto hay jolgorio. La Virgen del Carmen de Revilla bien pudo haber sido la patrona de Cantabria, pero ganó la Bien Aparecida. En tierra de marinos creo que la Virgen del Carmen debió salir elegida. Antiguamente los pescadores llegaban en barca casi hasta la ermita por la ría de Boo. Ahora la ría queda lejos. Cosas del progreso.

El Inquisdor abandona sus disquisicones y vuelve al torneo. Rápidas a cinco minutos, terreno minado para el Inquisidor aunque su desmedido amor por el ajedrez puede romper cualquier barrera, siempre que no intervengan, el tiempo, las circunstancias, la familia y en general todas aquellas vicisitudes que pueden alterar la voluntad de un Inquisidor del montón, a la espera siempre de que le dejen el camino libre para practicar uno de sus “vicios” favoritos.

De modo que el Inquisidor se presentó en el Pabellón de Revilla, lugar de recuerdos imborrables, junto con Laso, Javi, Wences y San Juan. Allí jugó el Inquisidor su último partido de futbol sala con la gente del Torres Blancas, Pinilla, Chencho, Cefe, “los” Canales, Barquín, Gabaldón…, y en ese mismo sitio el “niño” del Inquisidor jugó y ganó, siendo benjamín, la primera de las muchas finales ganadas en su etapa como jugador de baloncesto de la Escuela Municipal de Piélagos.

Al entrar en el Pabellón el Inquisidor no vio mas que tableros de ajedrez y rápidamente la adrenalina empezó a circular por sus venas, con mas miedo que vergüenza, sí, y con los nervios de un primerizo, también, pero con el entusiasmo a raudales, casi, casi, como si fuera su primer torneo.

La primera partida plena de nervios y complicaciones tácticas se resolvío en un final de piezas menores y fue, con algo de suerte, una de las pocas victorias del Inquisidor.

Y en esto llegó Charly Maté, con su Escandinava y el Inquisidor, de perdidos al río, le jugó el gambito Tennyson. 1.- e4 d5, 2.- Cf3 y Charly salió por los cerros de Úbeda. Jugó 2.- …c6 que tiene pecado coño, que uno quiere jugar aunque pierda en plan gambito y le hunden en la miseria en un final de alfiles con peón de menos.

El Inquisidor superó las seis primeras rondas con mas pena que gloria y las cinco últimas solo con pena. Y algún cabreo. Y sin Valentín Laso, que no es lo mismo jugar en el primer tablero que en el segundo.

Perdió el Inquisidor partidas bien perdidas con ilustres oponentes, como Tena y Calvo. El Inquisidor intentó dar la cara en la primera y lógicamente se la partieron. Calvo, simplemente,  ganó por lo civil y por lo criminal. Jugó el Inquisidor la última ronda con Terán, Luís Terán, y aprovechó el Inquisidor para corregir un error: Luis Terán no ha fumado en su vida, acto seguido el Inquisidor se dejó la dama en un Morra y al llegar a casa se entretuvo un rato haciéndose el harakiri.

Hubo mas derrotas, la mas dolorosa fue una francesa ganada por el Inquisidor en el flanco de dama, en el centro y en el flanco de rey, pero olvidó el Inquisidor que la frase “se gana por la velocidad de las piezas” es falsa, muy falsa, porque perdió la partida por la velocidad del reloj.

Wences, San Juan y Rivas mantuvieron el tipo, que no es poco, a pesar de los revolcones. Valentín Laso nos dejó en la sexta ronda por motivos ajenos a su voluntad y se notó, vaya si se notó.

Tuvo el Inquisidor la alegría de ver una nueva reedición de la revista Alfil que Giráldez estuvo entregando amablemente. Enhorabuena a “los culpables” y que dure muchos años.

Al término del evento el Inquisidor tuvo que salir pitando por aquello de los imponderables familiares, así que San Juan, Rivas y Poyatos se quedaron a recibir el diploma de campeones de primera.

El evento lo ganó Solvay, pero para el Inquisidor los auténticos triunfadores fueron todos los participantes y la organización.

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