El Inquisidor ha sufrido su segunda partida de ajedrez.

Jugó el Inquisidor 1.-Cf3 tratando de disimular que deseaba jugar un gambito de Dama pero su contrario no estaba por la labor, de modo que jugó 1.-…g6.

Viendo que las cosas se torcían desde el principio el Inquisidor decidió salir por peteneras y jugó 2.- e4, si hay que jugar Pirc se juega y si el negro quiere trasponer a un Dragón Siciliano pues Morra al canto y luego pensamos.

Sin embargo el negro decidió seguir con la Pirc. El Inquisidor cree que  acabó jugando contra una Caro-Pirc pero no está seguro.

El caso es que como el Inquisidor vió desde el principio que navegaba por aguas desconocidos decidió aplicar el viejo principio de “en caso de duda la mas tetuda” o dicho de otro modo, “principios generales de las aperturas y luego pienso”. De modo que diez jugadas después el Inquisidor tenía sus dos peones en “d4” y en “e4” , impedía “e5” del negro y se preparaba para hacer una ruptura, sin estar muy seguro de dónde pero se preparaba.

Sin embargo, dado el nivel ajedrecístico del Inquisidor cuando el negro jugó “b5” amenzando b4 tocando su peoncito de de rey, se sorpendió y decidió cortar por lo sano: jugó la antiestética “b4”, debilitando todo el flanco de dama, dejando la gran diagonal negra para el alfil de “g7” pero zanjando para siempre el contrajuego negro en el flanco de dama (o eso pensaba).

El Inquisidor tuvo suerte y su contrario no apreció peligro en la ruptura central, de modo que  rompió en “e5” y merced a un truco táctico debilitó por completo el flanco de dama negro, controló las columnas centrales y se dispuso a entrar en séptima por la puerta de “d7”.

El plan funcionó y el Inquisidor entró en séptima sin problemas para…olvidarse del plan original y ganar un peón.

Y en una sola jugada “…c5”  (al final la debilidad del flanco de dama blanco resultó determinante) de la negras, su torre pasiva encontró una columna abierta y como siempre la mejor posición dictó sentencia: las negras estaban mejor. Después de cuatro horas de trabajar por un plan y llevarlo a efecto todo se fue al garete por un estúpido peón.

El Inquisidor tuvo suerte, en condiciones normales hubiese perdido su peón de ventaja encarando un difícil final, no para ganar si no para no perder.

El ajedrez como la vida puede ofrecer segundas oportunidades y el Inquisidor la tuvo. Su contrario respiró despues de mas de cuatro horas de partida y pensó: “Ancha es Castilla” fué a por todas (en la misma situación seguro que el Inquisidor también caería en la tentación) y cayó en una celada.

En una situación muy complicada el Inquisidor recordó la idea de un antiguo problema artístico y tuvo suerte de poder aplicarla.

El negro ganó un peon pero se vió en la disyuntiva de quedar con calidad o pieza de menos y peor posición. Unas jugadas mas tarde las negras abandonaron y el Inquisidor dejó de sufrir.

Lo peor de todo es que si el  oponente del Inquisidor  juega sin prisas casi con toda seguridad la partida hubiese finalizado en tablas.

Y todo por un mísero peon.

Una vez mas el mal ajedrecista es castigado  por elegir un peón de ventaja en lugar de mejor posición. En emi caso,  quiero decir en el caso de el Inquisidor, y para mas INRI, una posición no solo mejor sino avasalladora.

Voy a flagelarme un ratito. Mejor que se flagele el Inquisidor.

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