El Inquisidor vuelve a jugar al ajedrez

El Inquisidor teme que los tiburones que bucean por los tableros de ajedrez le destrocen el ego a dentelladas.

A pesar de todo el Inquisidor ha decidido reincorporarse a la liga de ajedrez aunque desconoce los males que esto pueda causarle.

El Inquisidor teme las derrotas humillantes, los errores garrafales, “dejarse una pieza en seco”, “no ver un mate sencillo”, “que le fundan en la apertura”, “que le dejen embarazado en el medio juego”, en definitiva, El Inquisidor teme, en general, pero teme.

El ajedrez tiene muchos lados oscuros, uno de ellos es: a quien culpar de la derrota. Ardua tarea porque la culpa siempre es del que comete el último error. Ya he dicho en otro lado que los ajedrecistas somos muy buenos encontrando excusas y yo no voy a ser menos.

Mi excusa: siempre fui muy malo, de modo que no hay que pedirle peras al olmo.

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