El Inquisidor quiere un puerto USB

Hace pocos días un amigo del Inquisidor comentó con cierta sorpresa que ya había cumplido los 43 años.

Rápidamente el Inquisidor se acordó que hace un par de días este amigo vacilaba al Inquisidor con la inmediatez de su trigésimo aniversario. Parpadeó el Inquisidor y descubrió  con dolor que ese “par de días” sucedieron hace 30 años.

El Inquisidor siempre es sorprendido por la velocidad del tiempo pero lo que mas le duele y asombra es el poco sitio que ocupan sus recuerdos, tantos años de recuerdos censurados por el tiempo, acérrimo enemigo de la memoria, casi no ocupan espacio en la vida del Inquisidor. Tiene el Inquisidor un libro muy querido, regalo de su padre: Aníbal de Sir Gavin de Beer con intención de recordar aquel lejano día se dirigió a su biblioteca, buscó el libro, lo encontró y buscó la fecha: 22 de enero de 1971. El cumpleaños de aquel Inquisidor muchas décadas mas joven que este. Con el libro en las manos es mas fácil recordar. Un recuerdo sólido ayuda pero un recuerdo sin más está limitado por nuestra memoria.

Quisiera el Inquisidor recordar alguno de sus mas queridos recuerdos, como aquellos días en que casi adolescente iba a buscar a su padre al tren, a la salida del trabajo, pero no los recuerda, quisiera sí, pero no puede. Se han borrado todos esos días de charlas, risas, alguna que otra bronquilla y sobre todo de aprendizaje de la vida. El Inquisidor ha perdido todos esos recuerdos paternos.

Al Inquisidor se le ocurre una estupidez ¿Por qué no tenemos un puerto USB incorporado para poder almacenar nuestros recuerdos? Al menos uno que funcione o que sepamos manejar porque el cerebro o tiene un sistema operativo obsoleto o no sabemos como funciona.

El Inquisidor intentó seleccionar algunos recuerdos, no ya de los últimos 30 años sino de los últimos 40 y ya puestos, ¿porqué no de los 50?. Y el resultado fue descorazonador: no recordaba el primer día que fue al cine, ni el primer día que vio a Katy, aquella pelirroja de la que se enamoró el Inquisidor cuando tenía 10 años. En realidad fue una amor compartido con sus dos amigos de la niñez; tres enanos enamorados de una pelirroja ¡y el Inquisidor no recuerda nada!. El Inquisidor ha olvidado la primera vez que montó en la noria, el primer día de clase, el primer domingo que salió con los amigos…y el Inquisidor sigue pensando en la necesidad de un puerto USB incorporado.

El Inquisidor termina pensando en los malos recuerdos. Afortunadamente les ocurre los mismo que a los buenos: se difuminan con el tiempo.

¿Merecería la pena que nuestros recuerdos fuesen nítidos y completos? ¿Incluidos los malos? ¿Estaríamos dispuestos a revivir nuestros mejores recuerdos si conlleva revivir  los peores?

Al Inquisidor le gustaría recordar a su abuelo paterno…

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