El Inquisidor viaja a Oña y Poza de la Sal

El Inquisidor viajó a Oña y a Poza de la Sal

El Inquisidor visitó San Pedro de Cardeña sede de Monacatus, la XVII edición de Las Edades del Hombre, fundación religiosa donde las haya y visita recomendada para todos aquellos amantes de la historia y la cultura de nuestro país.

MONASTERIO DE SAN PEDRO DE CARDEÑA

El Inquisidor llegó tarde a San Pedro de Cardeña y la visita guiada se  inició  con diez minutos de retraso, en consecuencia la velocidad del guía aumentó, no solo andaba mas deprisa, sino que además hablaba mas deprisa y a pesar de todo se le entendía perfectamente.

Hombre de iglesia sin duda. Su pasión al citar “la sangre derramada por Cristo”, “el martirio…” padecido por algún que otro santo, su perfecta vocalización y su memoria nos dejó a todos anonadados. El Inquisidor no iba solo. Eramos 30 amantes de la historia y la cultura los que viajamos a Oña. Y de la gastronomía castellana por supuesto.

El interior de San Pedro de Cardeña estaba dominado por la oscuridad, los cuadros y las esculturas tenían iluminación, digamos personalizada, pero el entorno estaba dominado por la oscuridad. Los ataúdes, supongo que  de roble, pertenecientes a algunos reyes y reinas castellanos  sacados de sus tumbas y expuestos al público apenas podían verse. Bueno, podían verse, pero al empezar a leer sus nombres en latín la luz se apagaba. Al poco se encendían y volvían a apagarse. Algún cachondo dedicado a gastar bromas a los visitantes. Supongo.

La  Iglesia es rica, muy rica, y no puede ocultarlo. En cuanto nos muestra algunos de sus tesoros es fácil darse cuenta. No solo es rica en cuadros y esculturas, sino en joyas. Que orgía de oro y plata empleada en objetos religiosos. Lógicamente.

Me fascinaron las esculturas de los santos allí presentes en su madera original, y la exuberancia y lujo asiatico de sus vestiduras (la influencia árabe de sus ropajes era indudable) aunque a San Juan Bautista le esculpieron bizco. En todas las épocas hay graciosos. Y pillos. En una estatua yacente, una joya en mármol, de algún obispo o abad del monasterio, el artista se entretuvo en esculpir en la almohada donde reposaba la cabeza del susodicho algunos efebos desnudos en actitud no muy religiosa. Sospecho que el artista conocía muy bien las aficiones del obispo y éste estaba al tanto, y por supuesto nadie se atrevió a mencionar el atrevimiento del escultor

Quedó mucho que ver de San Pedro de Cardeña y por supuesto la vuelta está garantizada.

Horas después el Inquisidor subió al castillo de Poza de la Sal. No subió solo sino con su mujer. La subida era complicada, la altura mucha, el viento fuerte y el premio al esfuerzo hermoso e inolvidable. El castillo o más bien fortaleza militar con doble línea de muralla es un buen ejemplo de la arquitectura militar musulmana. Estratégicamente es clavado al de Loarre.

El pueblo de Poza de la Sal es otra joya arquitéctónica  medieval y una demostración de la inteligencia y conocimientos de la gente del pueblo para construir con los materiales que estaban a su alcance. El guía fue de lo mejor, un cachondo de Bilbao.

CASTILLO DE POZA DE LA SAL

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