El Inquisidor en el Valle del Miera

Después de 40 años el Inquisidor volvió a comer moras.

Regresó al Valle del Miera y ascendió desde Rubalcaba hasta La Quieva. No llegó a los Pozos de Noja pero junto con su mujer se juramentaron solemnemente para volver y llegar hasta los pozos.

El Inquisidor encontró el mejor día para estar en el Valle del Miera, gris, niebla, ligerísima llovizna a ratos, hojas húmedas, miles de tonalidades de verde, cabañas pasiegas reformadas , silencio, vacas limpias y algo temerosas, robles, hayas, castaños, avellanos, el Inquisidor en el Valle del Miera encontró silencio y paz.

El Inquisidor viajó en el tiempo, pasó por delante del bar del Loro, de lo que fue La Isla, vió a lo lejos el Pico Levante donde hizo sus primeros pinitos en la escalada, y por último caminó muy cerca de Peña Pelada y de sus preciosas laderas de hierba fresca color verde “meracho”.

Faltaron algunas cosas, como comprar sobaos y quesucos pasiegos, comerse un bocata sentado en una piedra con Peña Pelada al fondo, sin embargo lo que el Inquisidor percibió con mas intensidad fueron los años, los años que le sobraban al Inquisidor.

 

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