Munera Gladiatorum: nada nuevo bajo el sol

Leyendo un libro del profesor Alfonso Mañas Bastida “Munera Gladiatoria: Origen del deporte espectáculo de masas”, el Inquisidor se interesó, aún mas si cabe,  por algo que ya le interesaba: la vida de los romanos, no su historia, ni sus batallas ni los  acontecimientos políticos de la época, sino su vida cotidiana , sus costumbres, como la de agarrarse los testículos al formular un juramento. Sabiendo esto no es de extrañar nuestra popular, sagrada y altisonante fórmula: “por mis cojones”.

Estoy convencido de que después de dos mil años seguimos siendo los mismos con costumbres similares y que aún sobreviven entre nosotros curiosas reminisciencias de las costumbres de la época romana. Habremos avanzado técnicamente, bueno han progresado las máquinas nosotros seguimos siendo los mismos. O casi. Al Inquisidor le interesan las personas, las historias pequeñas que al fin y al cabo son las que juntas conforman la gran historia.

No hay que sorprenderse mucho si a Cicerón le aconsejaban puesto que iba a meterse en política “pasearse por el foro estrechando manos sin importar a quien”, hay que ser popular, le aconsejaban. Nada nuevo bajo el sol.

De modo que como el Inquisidor navegando por internet en busca de  fotos sobre gladiadores  encontró muchas y diversas páginas sobre ellos, sin animo de parecer “un enterao” solo con la idea de recopilar fotos y datos para los curiosos como yo, decidió  crear estas páginas   relacionadas con los gladiadores y la cultura romana.

El Inquisidor modificará y añadirá datos y  fotos en la medida que el tiempo se lo permita.  Quedan muchas por añadir, de ahí que en algunos comentarios  se aprecie que falta las imagénes que los acompañan.

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gladiador cae

Gladiador derrumbándose al ser herido. Un gran artista el autor del relieve. Tiene la ocrea en la pierna izquierda, posiblemente se trate de un Traex (Tracio)

gladiador con spatan

Gladiador con Spatan. Un  gran artista sin duda.

Gladiador iugula

Gladiador derrotado a quien aplican la iugula. La indiferencia ante la muerte era una de las virtudes mas apreciadas de los gladiadores, especialmente cuando iban a morir sobre la arena. Esta indiferencia era muy admirada por Séneca. Creo que este relieve es del mismo autor que el anterior. Por el casco podemos deducir que es un Traex.

musicos

Buen detalle de los músicos que amenizaban la lucha. El dedo índice que aparece significa que el gladiador está pidiendo la missio, es decir, el perdón. ¿Y si Judas en La última cena de Da Vinci está pidiendo perdón? El relieve demuestra que las luchas entre gladiadores estaban amenizadas por músicos, como nuestras actuales corridas.

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Los vencidos eran sacados a rastras por esclavos al servicio del anfiteatro, sirviéndose para ello de unos ganchos de hierro, atravesando la “Puerta de la Muerte” hasta el “espoliarium”, donde eran despojados de sus vestiduras y degollados indefectiblemente.

 

El gancho que utiliza el libitinarum es de hierro candente, de ese modo al clavarlo se aseguraban de que estaba muerto. Si no lo estaba le machacaban el craneo. De todos modos a los gladiadores muertos siempre les daban tres mazazos en la cabeza y luego, en el interior, en el spoliarium les degollaban y se recogía su sangre como siempre se ha hecho en las matanzas de cerdo. Mas abajo se explica porqué.

Esto que vamos a ver es un maravilloso mosaico de la galería Borghese. Fueron encontrados en una villa romana en 1834. Son enfrentamientos entre reciarios y secutores. Se aprecia lo cachas que estaba el Summa Rudis que casi con toda seguridad era un exgladiador.

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El Secutor Astiuus (derrotado) enfrentándose a un Retiario Astacius (de pie) .   A la derecha sobre la cabeza del gladiador caído, un Retiario,  está el simbolo que indica su muerte, se llama Rodán. Parece que ha perdido el protector que lleva sobre el hombro y que le permtía cubrirse de los golpes en la cabeza desde su derecha.

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De esta foto llama la atención el Retiario aparentemente cojo  y hasta gordo, que tiene la daga sobre la espalda del Secutor, quien ha perdido el escudo. En el suelo se ve el tridente del Retiario. Gordo y cojo pero lo suficientemente rápido como para ganarle la espalda a su rival y derrotarle. Parece que el nombre de guerra de nuestro amigo gordo es: Purpureus Sentinus, los gladiadores tenían nombre “artístico”, así llamaban mas la atención. Como nuestros toreros y boxeadores. El derrotado es Baccibus. Quiero creer que Purpureos era un veterano curtido en mil batallas.

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Casco de Secutor. Se aprecia que la protección de la cara podía alzarse para el gladiador pudiese coger aire.  A la izquierda lápida de un gladiador, bonito detalle el del perro,  sin duda su fiel compañero. Quien puso la lápida no le olvidó.

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El puño cerrado indica el perdón para el gladiador derrotado, aunque en este caso no sé si el summa rudis tiene el puño en alto o solo sujeta la vara. Entre las piernas se ve el tridente del reciario, por lo que el otro gladiador es un secutor. Se ven los dos árbitros, el Summa rudis  y el secunda rudis. Al fondo aparece un músico tocando el arpa. La decisión sobre la vida o la muerte dependía del Editor, que era quien pagaba los juegos. Durante algún tiempo los gladiadores decidieron la suerte de su rival pero con este sistema la mortandad era alta y poco rentable, por eso entró en desuso.

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A la izquierda, dos músicos con trompetas, sentado el gladiador espera el veredicto del editor, el otro está preparado. Los dos tienen catafracta. Visten catafracta, pueden ser dos crupellarius, pero el casco no es el de  crupellarius o un catafractus. No llevan  ocreae. No sé clasificarlos. Parece que el gladiador que está de pié se prepara en caso de que la missio se denegada.

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Un tracio con la sica en la mano ante el suma rudis. Es un mosaico de la Isla de Chipre, el gladiador se llama Litras.

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Mirmillones. Grabado de Pompeya a la derecha. En las dos escenas el derrotado recibió la missio (m), es decir, se les perdonó la vida, la letra M informa de ello.. A la izquierda la lápida un gladiador de posibles, se llamaba Quintus Sossius Albinus está en el museo de Aquileia.

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Un Samnita golpea con su escudo a un ¿Traex con casco de murmillon?  Tiene la sica en la mano y casco con poca visión y enorme pluma (que mal suena lo de la enorme pluma). Es la lucha de un zurdo contra un diestro, algo muy apreciado por los espectadores. Es como dos equipos de futbol con estilos antagónicos.

Hoplomacus.- Su nombre significa El Combatiente del Escudo. Recuerda a un hoplita griego con su lanza, escudo redondo. Tenía manica en la izquierda y ocrea. Solía llevar lanza y daga. Su yelmo tenía un penacho espectacular.

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Arriba  y abajo: provocators. Se les reconoce por la Cardiophilax, la protección que llevan en el pecho. Cualquier gladiador podía ser un provocator, solo necesitaba llevar esa protección en el pecho independientemente de las armas. Exceptuando el retiarius y eques, aunque esta afirmación es solo mía. En la imagen de arriba llevan casco y en las de abajo yelmo.

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Un Scissor gordito. El arma en forma de medialuna es característica de este gladiador. Lleva yelmo. Introducía el antebrazo en un cilindro que terminaba en un arma cortante en forma de media luna. Este que vemos debía ser un veterano a quien le iba la buena vida, esa barriguita le delata

Tiene dos dagas, es un Dimachaerus. El gladiador sentado pide la missio sin embargo esta foto requiere una explicación mucho mas detallada por ese motivo pego este link donde se narra la historia de Diodoro, el gladiador que de pie cree que su adversario está vencido pues ha levanto el dedo en señal de rendición a la espera de la missio. No obstante…

http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/la-lapida-sepulcral-de-un#.UdU3BHrbMuc

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Termino esta primera página con algunas curiosidades sobre el mundo de los gladiadores.

Dar la vuelta al ruedo tiene su origen en el homenaje que recibian los gladiadores victoriosos, de ese modo los espectadores le veian de cerca y le arrojaban monedas y regalos. Tal y como se hace hoy en día en las corridas de toros.

Cuando un gladiador moría uno de los personajes que le sacaba de la arena, le daba tres mazazos en la cabeza para ver si estaba realmente muerto. En la actualidad, cuando un Papa muere, el Cardenal Camarlengo le da tres golpes en la cabeza con un martillo de plata. Da escalofríos pensar que la rutina que en su momento provocaba la hilaridad de los espectadores romanos, se haya convertido en un ritual de la Iglesia Católica.

También el toro recibe la puntilla en la plaza para asegurarse de su muerte antes del traslado.

La sangre de los gladiadores muertos se vendia en frascos y constituia un floreciente mercado.

En aquella época se creía que la sangre de los gladiadores era buena para tratar la epilepsia, la impotencia y algunas otras enfermedades. Imagino que sería cara y que no estaba al alcance de todos, por ese motivo en ocasiones algunos enfermos se lanzanban a la arena, justo al caer muerto un gladiador, para beberse su sangre caliente “in situ”. No sé que consecuencias podría traer esto, pero supongo el calabozo era el destino de estos “vampiros”.

En los primeros tiempos, hasta Augusto, los munera gladiatorum no se celebraban en construcciones fijas, sino que era como en las plazas de toro de los pueblos. Se construian y luego se quitaban. La intención era que solo los muy ricos pudiesen organizar el espectáculo de los gladiadores. El caso es que en numerosas ocasiones podía observarse la lucha de los gladiadores en la arena desde los edificios circundantes. ¿Y que hacían los romanos de la época? Pues alquilaban los balcones para ver el el espectáculo desde allí. Insisto, nada nuevo bajo el sol.

No tiene nada que ver con los gladiadores pero estas inscripciones hechas en las lápidas nos permiten viajar en el tiempo y comprobar, que después de dos mil años, los sentimientos no cambian. Progresa la civilización pero el alma humana, para bien o para mal, es la misma.

En  una lápida encontrada en Tarragona se puede leer lo siguiente:

“Sepultado en este túmulo yace aquí el joven Aper, el forjador aquél, cuya juventud mientras vivió fue in­tachable. Viviste pobre. Con los amigos fuiste entrañable. Viviste treinta años, dos meses y ocho días. ¡Ay dolor! ¡Ay llanto! ¿Dónde te buscaré yo, mientras hijo? Estas lá­grimas, vedlo las derramo ¡ay triste de mí! como padre sin hijo. Me falta hasta la luz. De dolor se debilitan mis miembros. Más valiera que fue­ses tu el que hiciera por mi este fúne­bre obsequio. Si hay entre los dioses Manes ra­zón, llevadme a mí, padre desdicha­do. Ya me quedo sin luz puesto que te he perdido, hijo. Viandante ! ya prosigas tu camino, ya pases o te de­tengas un momento y leas el epitafio en mármol a cincel labrado que yo, su padre, hice a su hijo dulcísimo, lleno de amor para mi, bien lo dice la inscripción: en el túmulo quedan en­terrados los restos. Adiós para siem­pre jamás, hijo carísimo”.

Mérida,dedicada por un amo a su esclava, que muerta ésta, le dedica un monu­mento funerario con  este epitafio: “A Fortunata, sierva fidelísi­ma, cuidadora y amante de su amo. Solvianos mandó hacer este monu­mento en memoria de persona tan acreedora”.

Epitafio de una espo­sa a su marido en el que señala con precisión el tiempo exacto que vivió con él: “Monumento a Cornelius Iulianus que murió a los treinta y un años, cinco meses y veintinueve días. Lucía Valeria su esposa se lo consagra a su querido esposo con el que vivió diez años, cuatro meses y veintinueve días”.

Navarra, lápida funeraria de un viajero que fue asesinado por unos bandoleros: “Aquí yace Calaetus, hijo de Eguesi, de veinte años de edad, que fue asesinado por unos ladrones. Acnon, su madre, hizo levantar este monumento a su costa”.

Lápida, cerca de Carta­gena: también trági­ca: “La tierna edad de Lusius se ha­llaba adornada en su incipiente ju­ventud de fuerzas vigorosas. Año­rando los abrazos de su querida hermana pretendió cubrir muchas millas de camino, pero fue asesinado por el inesperado y malhadado tro­piezo con unos bandoleros. Así se llevó su cuerpo una desgracia cruel. Yo creo que al extinguirse tan pre­maturamente su tierna edad, si bien le privó del recuerdo de ratos felices, también le evitó el tener que memo­rar los amargos”.

La inscripción está en el Museo de Pamplona y dice: “¡Oh (Júpiter) Appeninus, favorecedor mío! Yo, Flavius Magilo, vencedor y alegre, te dedico ahora estas ofren­das prometidas cuando suplicante y temeroso iba camino de los altos te­chos de Roma. Sólo quiero que reci­bas propiciamente lo que te ofrezco, el ara, la palma y la víctima”.

Curioso epitafio de un juerguista “reconocer que la vida es breve, recomiendo gozar de ella a grandes tragos”. Esta lápida es de un tribuno  de la Legio VII Gemina,  siglo III: “Vive alegre cuanto vivas. La vida es un pequeño regalo, en un instante adviene, in­sensiblemente se afirma, pero muy luego se va insensiblemente tam­bién”.

Inscripción encontrada en Peñaflor (Sevilla). Muy aficionado a la caza y a la pesca debió ser el difunto. Siglo I: “A los dioses Manes. Aquí yace Quintus Marius Optatus, natu­ral de Celti y de edad de veinte años. ¡Ay dolor! ¡Oh tu caminante, que pa­sas por la acera de este camino! enté­rate de quién fue el joven cuyos res­tos mortales se guardan dentro de es­ta tumba. Apiádate de él y ofrécele tu saludo. Era diestro en lanzar el ar­pón y el anzuelo al río, donde cogía abundante pesca; sabía como caza­dor hundir su jabalina en el corazón de bravías fieras; sabía también aprisionar a las aves con varetas ar­madas en liga (*). Además cuidaba del cultivo de los bosques sagrados, y a ti, !Oh Diana!, en Delphos nacida, casta, virgen y triforme luna, erigió un santuario tutelar de la umbría flo­resta cumpliendo el voto hecho.”

(*) En mi pueblo cazábamos pájarillos del mismo modo. Que ricos estaban los pajaritos fritos y cuantos años hace que no los como.

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