El Pececito

El Inquisidor lleva algún tiempo, digamos meses, inmerso en el mundo de El Mahabharata. En un momento dado, que diría el inolvidable Johan Cruyff, el Inquisidor decidió iniciar la traducción de alguno de sus libros. Una labor utópica pues son 18  y son aproximadamente 8 veces mas extensos que la Iliada y la Odisea juntas. A pesar de todo el Inquisidor intentará traducir al menos 3 de ellos.

El caso es que el Inquisidor ha terminado su primer libro, el mas corto, y entre los muchos textos leídos este cuento del pez le ha maravillado especialmente.

Antes de comenzar la lectura es conveniente saber que un Kalpa es un periodo muy largo de tiempo en la mitología hindú, que un Kamandalu además de medio coco era el sistema tradicional entre los santos, ascetas y sabios para beber agua, Lota es una cacerola de cobre, Loka es un mundo, son tres: el cielo, la tierra y el infierno, los tres lokas. Y Pralaya por darle una traducción un poco libre pero comprensible es un Apocalipsis en toda regla. El pececito, Narayana y Vishnú son lo mismo. Igual que a Zeus le gustaba disfrazarse para ligar, Vishnú, dios mas serio, lo hacía para ayudar a los seres humanos a ser buenos y honrados, para eso nada como un buen exterminio total. Sin olvidar al querido y tan necesario Surya, el dios del sol.

 

Vamos con el cuentito:

            “Érase una vez un rey llamado Satyavrat muy generoso y gran devoto de Dios. Se alimentaba solo con agua y observaba las mas severas penitencias. El Rey Satyavrat llegó a ser conocido como Shradhadev, el hijo de Surya, en el presente Kalpa. Un día, Satyavrat estaba bañándose en el río cuando un pececito cayó sobre sus manos. El pececito pidió ayuda al rey pues tenia miedo de los grandes peces del rio. El rey lo puso sobre un Kamandalu (la cáscara de medio coco) a modo de tazón pero en un instante el pececito creció lo suficiente y el Kamandalu se le quedó pequeño. De modo que el rey lo transfirió a una lota pero de nuevo el pececito volvió a crecer hasta el punto que la cacerola también se le quedó pequeña. La secuencia continuó (en un charco, en un pozo) hasta el punto de que el pececito creció tanto que el rey lo llevó a un gran lago. Sobra decir que el pececito ya no tan pececito, en realidad para nada era un pez pequeño, era un cacho bestia que solo podía vivir en el mar. Por tanto el rey decidió llevarlo allí. El texto no precisa nada sobre el transporte de semejante animal mas grande que un lago, pero corramos un tupido velo porque los cuentos gozan de plena libertad para estas cosas.

            Sobra decir que el pececito, ya no tan pececito, era la reencarnación de un Dios y antes de que lo tirase al mar le explicó al rey que en él habitaban feroces monstruos marinos y no era plan. En este punto Satryavat comenzó a sospechar pues aunque devoto y generoso era un poco corto de entendederas. Creo que cualquiera se hubiese mosqueado a la primera demostración del pececito.

            De modo que el rey le pidió al pedazo de pez mas grande que un lago que se mostrara en su verdadera forma. Al instante apareció el señor Narayana (traducido sería algo así como “El ser divino que se mueve sobre las aguas. Como Jesucristo mas o menos. ¿No era un pez el símbolo de Jesús?) y le dijo al generoso, devoto pero no muy inteligente monarca: “Exactamente dentro de siete días a partir de ahora, el Pralaya inundará los tres lokas (en otras palabras que ha llegado el fin del mundo en forma de diluvio universal.) pero yo te enviaré un barco, subirás a bordo y lo atarás a mi cuerno con Vasuki el Naga”. Vasuki era el rey de las serpientes.En otras palabras: Cuando llegue el barco coges al rey de las serpientes y atas la cola al barco y la cabeza a mi cuerno (ver foto). Sea Vd. rey de las serpientes para esto, pensaría Vasuki.

            Después de ser informado sobre la inundación que se avecinaba el rey se dispuso a esperar la llegada de las aguas. Durante ese tiempo aprovechó para reflexionar sobre las virtudes del Dios y darle gracias hasta que al séptimo día, densas nubes se acumularon sobre el cielo y comenzó a llover torrencialmente, pronto, toda la tierra quedó cubierta por el agua. El rey Satyavrat encontró el barco enviado por el señor y sin perder tiempo subió a bordo junto con los siete sabios  bien provisto de semillas de frutas y granos de todas clases(*). De inmediato volvió a elevar sus plegarias de agradecimiento y como premio el señor le permitió alcanzar el conocimiento metafísico.

Hay que admitir que alcanzar el conocimiento metafísico en medio de un Diluvio Universal tiene mucho mérito.

 

Este cuento lo podemos encontrar en el Bhagavata Purana. El pececito es uno de los avatares de Vishnú: Matsya (pez). Esta historia también se cuenta en el Mahabharata

(*) En el Satapatha-bráhmana se cuenta la misma historia pero en este caso Satryavat sube al barco con el semen de todos los animales. El pez en este caso tiene torso humano y Satryavat es Manu, el primer hombre. Es posible que algún aficionado a la historia antigua descubra la similitud que hay entre este pez de torso humano y los Akpallus sumerios.